Reinventarse apartir de la mediana edad


 

En la actualidad las personas que se encuentran transitando la mediana edad, pueden vivir escenarios distintos, cambiamos de empleo con mayor frecuencia, y ajustes personales o familiares.

En este contexto, la reinvención tiene un significado diferente: revisar la propia trayectoria, integrar la experiencia acumulada y construir nuevos proyectos acordes con la etapa actual de la vida.

Desde la contribución de psicólogos destacados como   Carl Jung, resulta pertinente mencionar “…que necesidades psicológicas cambian a lo largo del ciclo vital” Durante la primera mitad de la vida, la energía se dirige a construir una identidad social: estudiar, trabajar, formar una familia y obtener reconocimiento. Sin embargo, al llegar a la madurez suelen surgir preguntas distintas: ¿quién soy más allá de mis roles?, ¿qué deseo hacer con el tiempo que me queda?

Reinventarse implica revisar creencias, cuestionar mandatos heredados y abrir espacio para decisiones más congruentes con los valores personales; en ocasiones esto puede ser resultado de la llegada de la jubilación, o los hijos adquieren independencia, por razones de salud, la economía o las relaciones. Estos acontecimientos pueden generar incertidumbre, pero también ofrecen la posibilidad de redefinir prioridades y explorar intereses que anteriormente permanecían en segundo plano.

Desde la logoterapia, la principal motivación humana no es el placer ni el éxito, sino el significado. Cuando desaparecen o se transforman las fuentes tradicionales de identidad, como el trabajo o determinadas responsabilidades familiares, surge la necesidad de responder a preguntas sobre el propósito y la contribución personal. Víctor Frankl plantea que el sentido no es algo que se encuentra una vez y para siempre; evoluciona junto con las circunstancias de la vida. Por ello, la madurez puede convertirse en una etapa privilegiada para descubrir nuevas formas de aportar experiencia, conocimiento y acompañamiento a otros.

Asimismo, diversas investigaciones muestran que conservar metas significativas y un sentido de propósito favorece el bienestar psicológico y la satisfacción vital. Por lo tanto, la capacidad de adaptarse y construir nuevas alternativas frente a los cambios inevitables y afrontarlos; la disposición para aprender también es otro elemento para seguir creciendo,

Hoy sabemos que entre los 55 y los 75 años muchas personas continúan buscando nuevas metas, proyectos y formas de participación social. La experiencia acumulada, lejos de ser una limitación, constituye un recurso valioso para enfrentar los desafíos de esta etapa. 

Ten presente que el desarrollo humano continúa a lo largo de toda la vida.

Si te encuentras en esta etapa de vida,  sugiero reflexionar con la siguiente pregunta:

¿qué posibilidades siguen disponibles para mí en esta etapa?

La respuesta será diferente para cada persona, pero en todos los casos supone reconocer que la madurez no constituye un punto final. Es más bien, una oportunidad para vivir con mayor conciencia, elegir con mayor libertad y construir un proyecto de vida más coherente con quien hoy eres.

Comparto algunas estrategias para que las personas sean más resilientes:

Construye tus conexiones, con relaciones personales genuinas, dando presencia y tiempo, apoyando y dejándote apoyar; recuerda, dar y recibir; forma parte de un grupo de intereses similares, contribuyendo en metas compartidas.

Fomenta tu bienestar, cuidar de la alimentación, dormir bien, ejercitarse, Ser agradecido, alimentar tu espiritualidad, escuchar tus necesidades y gestionarlas. Recuerda tú no eres tus pensamientos.

Mirada con perspectiva pregúntate si hay otras formas de hacer lo que haces, animate para aprender algo nuevo, el cerebro genera nuevas conexiones cuando sales de lo conocido y  confía en ti y en tú experiencia.

 Te invito a escribir en comentarios y compartirlo a quien pueda ser de utilidad.

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